(el tigre negro, o, también, la estrella del tigre)

Zona Arqueológica de singulares características urbanas y arquitectónicas. Escribiría Desiré Charnay cuando su visita a Ek Balam allá por 1885: "Rodamos a la sombra de grandes árboles por esa angosta senda sembrada de rocas y barrancos, en que se larga el carruaje dando saltos desordenados... y nosotros corremos con el corazón dilatado por la esperanza, en pos de lo desconocido".

A través de un corto sacbé bordeado de árboles de ramón, cocoyol y pochote el viajero llega a uno de los pocos accesos que se abren en las dos murallas que circundan esta antigua ciudad maya. Una vez sorteadas estas barreras defensivas artificiales, se llega a una amplia plaza flanqueada por enormes cerros, plataformas extensas, impresionantes construcciones abovedadas y un juego de pelota, todo de volúmenes que empequeñecen a cualquier ser humano. Se observan estelas fragmentadas, todavía dispersas y abandonadas a las inclemencias del tiempo, en las que se distinguen aún personajes sentados sobre tronos, bandas de glifos y toda una interesante parafernalia que envuelve y da significado al ambiente pedregoso de las ruinas.

Los primeros trabajos iniciados por arqueólogos de la Universidad de Tulane (New Orleans) se concentraron en reconocer la zona urbana de Ek Balam y su área rural tras los muros, incluyendo centros secundarios y viviendas dispersas, y de un recorrido inter-estado, en este caso entre la ciudad del "Tigre Negro" y Chichén Itzá . Actualmente el Instituto Nacional de Antropología e Historia y el Gobierno del estado de Yucatán han continuado con las labores de restauración en la plaza principal de Ek Balam, dedicando especial atención al elevado edificio conocido como el Caracol, para algunos comparable en forma y función al Observatorio astronómico de Chichén Itzá .

Ek Balam mantuvo ocupación desde el periodo Formativo Tardío, antes del siglo IV hasta el período colonial. En un principio sus relaciones con centros como Cobá , o quizás otros más al sur, como los de las orillas del río Usumacinta, y luego con las ciudades del Puuc y con el mismo Chichén Itzá , le dieron una configuración que hoy comienza a observarse en sus grandes cerros restaurados.

Por otra parte las fuentes etnohistóricas, documentos coloniales, indican que Ek Balam fue también un importante centro del Postclásico.

En Ek Balam es particularmente claro un patrón clásico de organización ritual del espacio urbano: "cuatro de los sacbés corren aproximadamente en direcciones cardinales del centro del sitio...Por lo tanto, pensamos que la arquitectura más importante de Ek Balam refleja el género segmentario y confederado de su organización política", como señalaban los arqueólogos William Ringle y George Bey III.

En cuanto al pueblo colonial, se le considera "ejemplo prístino de los primeros comienzos de la formación de la encomienda". Esta comunidad perteneció, --según señalan las Relaciones Histórico-Geográficas--, a Juan Gutiérrez Picón, uno de los primeros conquistadores y uno de los fundadores de Valladolid. Los mismos documentos indican que cuatro pueblos habían sido abandonados y congregados en Ek Balam.

Las intervenciones arqueológicas en esta zona del sitio sugieren que, respecto al intercambio de los primeros años de la colonia, las comunidades de la encomienda fueron comercialmente aisladas después de la conquista y que las redes nativas, fueron mayormente destruidas; aunque el mercado fue desarrollado muy pobremente en el comienzo, ningún sistema de distribución hispánico organizado nació para reemplazarlos, según señala la historiadora Nancy Farris en 1984.


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