(el lugar donde hay escritura en las piedras)

Zona Arqueológica y Parque Ecoturístico, Dzibilchaltún fue uno de los grandes centros urbanos que florecieron en el norte peninsular desde el siglo III a.C. Con una extensión de más de 10 kilómetros cuadrados y una población calculada arriba de los 20,000 habitantes, distribuida en 8,400 estructuras, Dzibilchaltún, que cuenta ahora además con su moderno Museo del Pueblo Maya, nos acerca a los tiempos del antiguo Yucatán.

Ya en 1962 el arqueólogo E.Wyllys Andrews IV señalaba una secuencia estatigráfica ininterrumpida que abarca los tres mil años o más durante los cuáles fue habitado el sitio. Esos trabajos fueron pioneros para cambiar aquel viejo concepto de los "centros ceremoniales" aplicado a lo que desde entonces son los "centros urbanos" de los antiguos mayas. En esa misma época se restauró su "capilla abierta", de las más tempranas de la Península, y el templo de los Siete Muñecos, ejemplar construcción donde tiene lugar el fenómeno astronómico en los equinoccios y fechada alrededor del año 500 d.C., así como la estructura 38, donde se observa la sobreposición de distintas etapas constructivas. A su vez se localizaron los sacbés internos, y se exploró su profundo y transparente cenote Xlakah --"pueblo viejo"--. En 1986 se restauró parcialmente el sacbé 1 que conecta la Gran Plaza Abierta, donde está la Capilla, y el conjunto de los 7 Muñecos, pudiendo situar su construcción entre los siglos VIII y IX d.C.

En trabajos recientes se ha restaurado "uno de los edificios públicos escalonados más extenso del área maya, con 130 metros de largo; un taller de obsidiana y edificios habitacionales que ocupó la gente de rango social menor, mismos que los visitantes pueden ver en este momento", relata Rubén Maldonado, uno de los arqueólogos encargados de su exploración.

En Dzibilchaltún el recorrido por la historia del pueblo maya se complementa con sus senderos ecológicos donde puede conocerse la vegetación de la región viendo revolotear una interesante variedad de mariposas y aves. Por su parte el cenote Xlakah, el "más bello de Yucatán" según algunos, nos muestra "una vegetación subacuática y flotante que crea, hacia el oriente, un rincón lleno de flores, y varias especies de peces y moluscos...grandes lajas forman una terraza natural que desciende suavemente hacia el estanque, más allá de la cual se inicia la vegetación de árboles bajos y decíduos cubiertos de bromelias y orquídeas". Como señala el Dr. Urcelay, quién hace años exploró la profundidad de sus aguas hallando antiguas vasijas, "los cenotes esconden en sus entrabas muchas respuestas a los enigmas de la cultura maya prehispánica".


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